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¡Jugar e incluir!: Las razones de por qué el juego ayuda en la convivencia escolar

Actualmente en nuestro país, uno de cada cuatro escolares se siente discriminado en la escuela. ¿Los principales motivos? La condición física y los rasgos de personalidad. De hecho, 143 mil niños han sufrido discriminación en cuanto a este último ítem, según datos del Simce 2017.

Esta situación, lamentablemente, es transversal a todos los niveles escolares. Los cuestionarios que los estudiantes respondieron en la medición y que fueron recopilados por la Agencia de Calidad de la Educación, dejaron números preocupantes.

Un 42% de los niños de 4° Básico, un 45% de los alumnos de 8° Básico y un 39% de los jóvenes de 2° Medio, aseguró sufrir de discriminación en el aula. Ante estos indicadores hay una misión clara y concreta: disminuir los casos de abusos al interior de las salas de clases.

Para esto se han trabajado diversas metodologías pedagógicas, y hoy en día el juego se considera como una herramienta escolar novedosa. Pero, ¿Por qué? El juego en sí tiene un rol importante en la interiorización del sentido social, de la generación de comunidad y la solución de conflictos.

En ese contexto, Pablo Cárcamo, asesor escolar en la implementación de ludotecas del Observatorio Del Juego y psicólogo experto en educación, señala que “el trabajo del ODJ es facilitar la inclusión promoviendo actitudes, conductas y valores que buscamos que los estudiantes (y las comunidades escolares en general) puedan desarrollar, en vez focalizarnos en prohibir o castigar otros aspectos”.

La transversalidad del juego en contextos escolares

Las habilidades socioemocionales, como el trabajo colaborativo, la confianza, comunicación y pensamiento crítico entre los estudiantes, son concebidas como capacidades de la personas para conocerse a sí mismas y a los demás, usando esta información para la resolución de problemas de forma flexible y eficaz tanto a nivel personal, como grupal.

El juego, así como tiene un rol importante en la interiorización de normas sociales, al mismo tiempo tiene un papel asimilador de la misma. Esto quiere decir que, por medio de la experiencia de juego, de manera intencionada, se pueden ir fomentando y favoreciendo características de una convivencia más sana para los estudiantes, docentes y la comunidad educativa.

En esa misma línea, para Álvaro Farfán, psicólogo experto en el uso del juego en contexto escolar y Director del Área de Operaciones del Observatorio Del Juego, “el valor agregado del juego de mesa en esta temática es que es trasversal a todos y todas quienes participan en la comunidad escolar; el juego puede ser utilizado entre los profesionales de la educación, con apoderados y apoderadas, así como entre estudiantes para intencionar la mejora de sus relaciones interpersonales, todas dinámicas que influencian e impactan en el proceso de enseñanza-aprendizaje”

Dada esta realidad a la que se están enfrentando miles de escolares, los juego de mesa en las aulas -con la correspondiente orientación pedagógica- asoman como una positiva opción no sólo para la convivencia entre ellos,  sino que también  para la comunidad educativa.