Enseño jugando: La experiencia de Patricia Carrasco, educadora del colegio Madres Domínicas de Pitrufquén

Desde 2017 que Patricia Carrasco (28) es docente de educación diferencial en el colegio Madres Domínicas de  Pitrufquen, región de La Araucanía. Su foco ha estado puesto en la educación parvularia con énfasis en la estimulación del lenguaje expresivo y comprensivo, aunque también ha trabajado con otros niveles educativos. En esta conversación nos cuenta sus diferentes experiencias relativas al papel del juego como motor de aprendizaje, y por qué cree que los espacios lúdicos –como los que brinda el Observatorio del Juego– sirven como instancias de cambio y transformación positiva en la vida de sus alumnos.

—¿Por qué comenzaste a utilizar juegos de mesa con sus estudiantes?

El colegio adquirió dos ludotecas una sobre DUA (Diseño Universal de Aprendizaje) y otra relacionada con formación ciudadana, por ende un grupo de docentes fuimos seleccionados para capacitarnos en todo lo relacionado a los juegos de mesa y para entender esta nueva metodología de trabajo, la cual, personalmente, lo encontré totalmente innovador y muy divertido. Desde el momento en que nos presentaron algunos juegos empecé a pensar si alguno me podría servir con los más pequeños y resultó que muchos de ellos los pude utilizar. Todo comenzó para ver cómo respondían los niños con un juego de mesa, y para eso seleccioné el “Chikiboom”. ¡Quedé tan entusiasmada con la reacción! que con el equipo de aula coordinamos las siguientes intervenciones con este nuevo material.

—¿La idea de usar los juegos en aula nació de ti o les fue solicitado desde la institución?

En primera instancia desde la institución. Se seleccionó a un grupo de docentes para ser capacitados y monitoreados por parte del equipo del Observatorio del Juego, por ende, la expectativa era aplicar este material y ver si efectivamente se puede utilizar y si cumple el fin esperado. Sin embargo, en ningún minuto se nos obligó el utilizar los juegos, sino más bien se nos motivó a experimentar con los distintos juegos de mesa y luego contar la experiencia vivida. Particularmente, yo creo que ese fue un impulso necesario para seguir realizando actividades con los juegos, por otra parte vivir la experiencia con los niños de pre-básica para mí fue muy gratificante ya que me motivó aún más el seguir utilizando este novedoso material.

 —¿Tenías experiencia previa con juegos en clases?, ¿Y con juegos de mesa, específicamente?

Con juegos de mesa, particularmente, no. Pero sí con software educativo en el laboratorio de computación.

“Lo maravilloso de llevar a sala algo distinto, llamativo y novedoso es que los pequeños quedan expectantes

 —¿Cuál fue el primer juego de mesa que utilizó con sus estudiantes?, ¿Por qué decidió utilizar éste y no otro?

El primer juego que lleve a una sala y sentí que sería más simple de explicar y aplicar fue el “Chikyboom”. Lo maravilloso de llevar a sala algo distinto, llamativo y novedoso es que los pequeños quedan expectantes ante esta situación. Entonces, para poder cautivar a los niños y que se mantuvieran atentos, siempre traté de jugar previamente con ellos, cosa de que al momento de abrir el material mantuvieran la emoción y entusiasmo para utilizarlo

—¿Cómo reaccionaron los niños cuando les llevó el primer juego de mesa a clases?

Lo que me cautivó y me entusiasmó aún más para seguir experimentando con los juegos fue el hecho de que los niños al ser tan pequeños fueron capaces de entender y socializar con sus pares la utilización de este material; el liderazgo innato de algunos niños era maravilloso, la facilidad de manejar sus emociones y la frustración fue algo nuevo para mí, sin la necesidad de discriminar si alguien de sus compañeros/as presentaba alguna necesidad educativa especial, ya que todos eran iguales antes todos.

 Manos a la obra: los efectos del juego en el aula

— ¿Cómo trabajas los juegos de mesa con tus estudiantes?

Siempre trato de jugar previamente con ellos respecto a lo que traía a la sala, cosa que al momento de abrir el material mantuvieran la emoción y entusiasmo para utilizarlo. Así, tenían la opción de manipular una a una las piezas, luego verlas y después tocar todo el material. Luego, todo volvía a su lugar de origen y se les designaba un rol activo. Posteriormente se conformaban equipos de trabajo con una monitora a cargo (educadora de párvulos, asistente de la educación y educadora diferencial) y ante alguna duda los guiábamos o bien ellos mismo llegaban algún consenso respecto a nuevas reglas o como utilizar el juego.

—¿Observas diferencias en cómo aprenden sus estudiantes utilizando los típicos recursos didácticos y los juegos de mesa?

Es distinto, ya que cuando yo llevo un video, power point o utilizamos un software este tiene un límite de utilidad, llegas a un punto que se va acabar. En cambio con el juego estás interactuando con una diversidad tremenda, son varias mentes que funcionan al mismo tiempo, que opinan, se equivocan, se enojan y así una infinidad de características. Con esto quiero decir que siempre va existir algo que varía o que a alguien se le va ocurrir jugar el juego de manera distinta y cada vez iremos aprendiendo algo nuevo. Tampoco puedo decir que sólo voy aplicar juegos de mesa y dejaré a un lado los otros recursos. Todo lo contrario. Creo que se pueden complementar, pero un video tal vez no me dará el gusto de ver a niños relacionarse de manera tan efectiva como lo hago cuando juegan con este tipo de materiales.

—¿Qué rol cumples como educadora al momento de usar los juegos de mesa con tus estudiantes?

Bueno en primera instancia debo estar preparada para llevar un juego a una sala de clases, tanto yo como el equipo de aula. El primer momento cuando se realiza la presentación del material cumplo un rol más activo para que no sea algo monótono o poco novedoso, pero a medida que se va ejecutando la actividad, se pasa a un rol más pasivo (guías o monitoras).

—¿Cómo manejaban la frustración o enojos de algunos estudiantes, si, por ejemplo, perdían en el juego?

Tratábamos de anticipar las posibles emociones que podían tener, lo hacíamos durante la presentación del material, por ejemplo: ¿Qué pasa si pierdo? ¿Es una competencia? ¿Qué debo hacer si un amigo pierde?, etc. Obviamente los niños lo entendían y te saben explicar el cómo reaccionar, pero al momento de ejecutar los juegos es distinto, sí o sí alguien se va enojar, querrá llorar o bien desquitarse con el juego. Una de las estrategias que funcionó bastante al principio para bajar un poco el nivel de ansiedad y competencia fue el trabajar en equipo. Por ejemplo: “Chikiboom” consiste en mantener en equilibrio un rampla o pieza plana e ir sacando una a una cada pieza sin que se desarme, el que logre sacar más piezas y con mayor puntuación gana y obvio al que se le cae, pierde. Entonces decidimos que el grupo es el que pierde o gana, no de forma individual, sino como grupo y eso ayudó bastante, porque el sentimiento de culpa o el enojo no van hacia una sola persona.