El juego ayuda a solucionar problemas de convivencia escolar y acá te explicamos por qué

 

Se acerca marzo y con ello también la vuelta a clases por parte de la mayoría de los niños. Con el regreso al colegio, los estudiantes deben lidiar con horarios y responsabilidades que, a veces, olvidan en el período de verano (con justo derecho, digámoslo). En varias oportunidades los alumnos retornan al establecimiento de manera positiva, ya sea por volver a ver a sus amigos o por el buen ambiente escolar, pero no en todos los casos resulta ser  una experiencia positiva. En este artículo te contaremos cómo abordar conflictos al interior del aula y fuera de ella.

La última Encuesta Nacional de Polivictimización revela que un 10% de niños y adolescentes ha estado expuesto a violencia más de una vez, lo que incluye la violencia escolar e incluso a nivel global, según datos de la UNESCO, uno de cada tres adolescentes sufre acoso escolar.

En nuestro país, el MINEDUC, el año 2015, desarrolló la Política Nacional de Convivencia Escolar. Esta política propuso la definición e implementación de acciones e iniciativas evidenciables que fomenten una buena relación dentro de espacios educacionales, siendo transversal a los distintos actores del sistema educativo y la gestión del currículo. En este sentido, los profesores junto con los padres deben cumplir un rol fundamental en la prevención para lograr detectar pequeñas tensiones y de esa forma, anticiparse a que los conflictos continúen.

El Juego es el factor clave en el aprendizaje socioemocional

Álvaro Farfán, psicólogo experto en el uso del juego en contexto escolar y director del área de operaciones del Observatorio Del Juego, en relación a la implementación del juego en el aula de clases, señala “las ludotecas escolares son un factor relevante dentro del trabajo de la convivencia escolar, ya que entregan la posibilidad de trabajar factores que están a la base de una buena convivencia de manera práctica, entretenida y vinculante, con todos los actores de la comunidad, y que también puede ser utilizada por todos, en distintas instancias del contexto escolar mismo”.

Según el Programa para el Bienestar y Aprendizaje Socioemocional en estudiantes de tercero y cuarto grado: descripción y evaluación de impacto, elaborado por Neva Milicic, psicóloga infantil, y otros, los juegos de mesa pueden ser una herramienta beneficiosa para la convivencia escolar en cuanto al efecto positivo que pueden llegar a tener para el aprendizaje de habilidades socioemocionales, las cuales están a la base de una sana convivencia escolar. En general las habilidades socioemocionales son concebidas como capacidades de la persona para conocerse a sí mismo y a los demás, usando esta información para la resolución de problemas de forma flexible y eficaz tanto a nivel personal, como grupal.

El desarrollo de conocimientos, valores y habilidades referidos al ámbito del conocimiento de uno mismo y los otros, se engloba en el término de aprendizaje socioemocional, según el mismo programa de Neva Molicic y otros, podemos encontrar ocho dimensiones del aprendizaje socioemocional, las cuales se interrelacionan entre ellas, estas son:

1) Lenguaje socioemocional: que es la capacidad para expresar lo que se siente.

2) Consciencia de sí mismo: que es darse cuenta de lo que uno siente y le ocurre.

3) Consciencia de los otros: darse cuenta de lo que los otros sienten y les ocurre.

4) Autorregulación: regular las emociones según el contexto.

5) Búsqueda de soluciones pacíficas de conflicto: resolver diferencias mediante el dialogo sin el uso de la violencia.

6) optimismo: captar los aspectos positivos de las situaciones por sobre los problemas.

7) Integración social: aprender a compartir con otros y valorar la diferencia.

8) Habilidades de comunicación: saber escuchar y expresarse en contextos sociales.

Bajo este marco se vuelve relevante el desarrollo de instancias de apropiación de las habilidades socioemocionales que den base para una sana convivencia, con participación activa de toda la comunidad educativa. El juego de mesa, con sus características y cualidades, puede ser un recurso que apoye en  generar ambientes afectivos positivos que propicien tanto el aprendizaje dentro de los objetivos curricular-pedagógicos, como el desarrollo de vínculos relacionados al trabajo colaborativo, la confianza, comunicación y pensamiento crítico entre los estudiantes.