Decreto 373: La norma chilena que incentiva a que los niños jueguen en los colegios

webcomma_Mesa de trabajo 1_Mesa de trabajo 1

"El jugar constituye una enorme posibilidad de practicar y fortalecer habilidades propias ya sea de la comunicación y expresión, como del pensamiento simbólico y el pensamiento matemático, todo esto potenciado por la motivación hacia el aprendizaje”, opina Pablo Cárcamo, integrante del área de Operaciones del Observatorio del Juego.

La creación de la Subsecretaria de Educación Parvularia en mayo de 2015 fue un importante paso para potenciar el aprendizaje en los primeros niveles educativos. Luego, vinieron una serie de decretos para apoyar su trabajo. Entre ellos el Decreto 373 exento.
Esta norma fue publicada el 17 de abril de 2017 y reemplazó al Decreto N°289 de 2011. Entre sus líneas insta a “crear y apoyar instancias para validar el juego y las situaciones lúdicas como la forma natural de aprender en los niños y niñas pequeños/as”.

Lo anterior enmarcado en un plan más general establece los principios y definiciones para que todos los establecimientos –jardines y escuelas– que cuenten con kínder y primero básico, elaboren una Estrategia de Transición Educativa (ETE), que busca resguardar las características propias de la niñez haciendo la transición lo más favorable para el aprendizaje de los estudiantes más pequeños, siempre bajo las premisas de flexibilidad, integralidad, contextualización, participación y priorización.

Y es precisamente en las definiciones técnicas de esta normativa, en que se menciona al juego como aspecto fundamental. En el punto de “Gestión pedagógica”, el texto dice que “la Estrategia debe proponer explícitamente iniciativas para la articulación entre ambos niveles educativos”, las que deben propiciar “experiencias para el aprendizaje y juego que enriquezcan sus posibilidades de comprensión de sí mismos y del mundo”.

De esta forma, todos los colegios que cuenten con esta transición educativa, deberían considerar al juego en sus estrategias pedagógicas. De hecho, la propia subsecretaria de Educación Parvularia, María José Castro, fue un poco más allá, tal como lo evidenció en un tuit de abril de 2018: “Los niños no pueden por decreto dejar de jugar cuando pasan del kínder a primero básico”.

La etapa clave para aprender jugando

La neurociencia ya ha dejado claro que el emocionarse genera las conexiones neuronales propicias para aprender ¡Y qué mejor emoción que la que provocan los juegos!

Las etapas educativas donde nuestros cerebros están más receptivos al aprendizaje son precisamente la que involucra a la educación parvularia y los primeros años de enseñanza básica.

Lamentablemente, nuestro sistema educativo interrumpe abruptamente el incentivo a jugar cuando un niño entra a educación básica, cortando un proceso natural y muy relevante para su aprendizaje.  “Este ‘corte’ no solo desnaturaliza la manera que los niños tienen de aprender, sino que además enseña que las cosas serias no se mezclan con los juegos”, asegura Pablo Cárcamo, integrante del Observatorio del Juego.

Cuando los niños juegan están tanto en lo social, como en lo neurocognitivo, más activos que nunca. Por eso, en la etapa de transición de kínder a primero básico “el jugar constituye una enorme posibilidad de practicar y fortalecer habilidades propias ya sea de la comunicación y expresión, como del pensamiento simbólico y el pensamiento matemático, todo esto potenciado por la motivación hacia el aprendizaje”, refuerza Cárcamo.

Por todo lo anterior, el Observatorio cuenta con una variedad de juegos de mesa para que los niños que atraviesan estas etapas potencien sus habilidades de forma lúdica. A continuación te dejamos tres ejemplos de juegos que están presentes en nuestras ludotecas:

Kaleidos junior

Este juego desarrolla el lenguaje, la categorización y la discriminación visual.

A cada niño se le entrega una lámina con la imagen de una habitación llena de cosas: pelota, libro, lámpara, etc. Hay una tómbola que indica qué elementos dentro de esa imagen hay que buscar. Pueden ser cosas redondas, o azules o que emitan sonidos. Los niños deben marcar con fichas sobre la lámina según la categoría solicitada.

Cuando todos terminaron, se puede discutir sobre las elecciones de cada uno.

Story Cubes

Hay nueve dados; cada uno tiene seis dibujos diferentes. Es decir, en total hay 54 imágenes distintas, como un dragón, perro, cara feliz, etc.

El juego se inicia lanzando los nueve dados, mientras los participantes miran alrededor. Cada dado arrojará una imagen. Con esas nueve imágenes los jugadores deberán ir construyendo por turno una historia, que puede continuar si se decide volver a lanzar los dados.

Aparte de ejercitar la creatividad, se trabaja la memoria, el trabajo a largo plazo y la estructura de los textos narrativos (inicio, desarrollo y final).

Además potencia la escucha activa- habilidad del lenguaje muy poco trabajada habitualmente-, porque para construir mi historia debo indispensablemente escuchar la del otro.

Juguemos + cerca

Éste es un buen juego para que los niños aprendan a jugar otros.

Los participantes están en un círculo. Al centro hay un mazo de cartas. Cada una de ellas indica ciertas acciones, como por ejemplo chocar las manos con la persona de la izquierda. Los niños van sacando las cartas por turno y deben realizar el desafío.

Es un juego de vinculación, de trato afectivo y de seguimiento de instrucciones básicas.

El juego termina cuando dentro del mazo aparece la carta de fin.