Niños chilenos menores de seis años tienen peor salud mental del mundo: Cuáles son las causas y cómo apoyarlos

Los mayores índices de este tipo de trastornos son más frecuentes en niños de estratos altos y bajos, y menos en los de clase media, pues este grupo posee más redes de apoyo.

Actualmente un 5% de los chilenos tiene depresión, según datos entregados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) en 2017. Es decir, 844.253 chilenos mayores de 15 años padecen esta enfermedad, la que ya se concibe como una epidemia. Además, según la SUCESO (Superintendencia de Seguridad Social), más de un tercio de las licencias médicas están correlacionadas a trastornos mentales.

Con este panorama, no es difícil pensar que la situación de los niños es la misma o peor. La publicación “International Comparisons of Behavioral and Emotional Problems in Preschool Children: Parents’ Reports From 24 Societies” situó a los menores de seis años de nuestro país como los de peor salud mental a nivel mundial.

“La prevalencia de trastornos como ansiedad, depresión y conductas agresivas en muchos casos duplica a la que se observa a nivel global y puede llegar hasta al 20% o 25%”, señaló a Emol, Felipe Lecannelier, psicólogo experto en infancia e investigador de la U. de Santiago.

 

Un problema transversal a las clases sociales

Según el mismo estudio –realizado con datos de 19 mil niños preescolares, siendo 400 de ellos chilenos–, los mayores índices de este tipo de trastornos son más frecuentes en niños de estratos altos y bajos, y menos en los de clase media, pues este grupo posee más redes de apoyo.

Esto quiere decir que un niño abc1 sufre una situación de abuso y trauma similar a la que enfrenta un niño de un contexto de vulnerabilidad social. “La pobreza genera estrés y eso se transmite en el niño. Pero también los padres de los segmentos altos viven muy estresados: trabajan todo el día, llegan a las 10 de la noche a la casa, no están nunca con los hijos y  están de mal humor”, señala Lecannelier a Revista Paula.

Asimismo, se estimó que dentro de las causales en Chile están los altos índices de trastornos mentales en la población adulta, la que alcanza un 22,6%, cifra por sobre la media mundial. Otros factores claves serían el desorden en el apego entre padres e hijos, la violencia intrafamiliar y factores genéticos.

 

¿Qué recomiendan los expertos ante este escenario?

En este caso los mayores responsables y principales actores para guiar a los más pequeños a vivir en armonía consigo mismos y con los demás son los adultos. En primera instancia están los padres, pero también están los docentes, pues, después de los papás, son quienes más interactúan con los niños.

Por eso, Felipe Lecannelier, en su libro titulado “A.M.A.R hacia un cuidado respetuoso de apego en la infancia”, entrega una serie de recomendaciones para que los padres conozcan a sus hijos y conecten con ellos en pos de su desarrollo psicológico, emocional y cognitivo. En ese contexto, la sigla “A.M.A.R” corresponde a cuatro conceptos fundamentales.

El primero es prestarles ATENCIÓN, darse el tiempo de conocer sus reacciones, sus gestos, sus gustos. El segundo es la MENTALIZACIÓN, es decir, mentalizar las necesidades, experiencias y conductas de los niños. El tercero es la AUTOMENTALIZACIÓN, ligada a identificar los distintos estados emocionales del niño, producto del vínculo forjado con él o ella. Y, por último, está la REGULACIÓN, la que nos permite como adultos responsables ejecutar acciones que busquen el desarrollo integral del niño en un ambiente sano y tranquilo.

A partir de ahí, desde un fortalecimiento en la crianza, el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas toma un papel primordial en el crecimiento del niño o niña. Desde el énfasis pedagógico, los expertos están cada vez mas de acuerdo en que jugar es una actividad crucial que contribuye al pensamiento, desarrollo del lenguaje y habilidades sociales, entre otras habilidades esenciales para la educación del Siglo XXI.

Para Carolina Grellet, docente e investigadora del área de psicomotricidad del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile, actualmente existe una contradicción entre el discurso de los derechos del niño y la realidad.

“Si realmente respetásemos a los niños y niñas y respetásemos su derecho al esparcimiento y al juego y respetásemos los ritmos de aprendizaje individuales y los ritmos de desarrollo individuales, no podríamos tener el tipo de educación que tenemos”, opina.