Las ludotecas ayudan a manejar la frustración de estudiantes y aquí te contamos por qué

Las ludotecas escolares, a través de sus juegos, abren nuevos caminos al aprendizaje de los niños, disminuyendo el estrés que provoca el “fallar”

Padres y profesores siempre buscan lo mejor para sus hijos o para sus estudiantes. Sin embargo, el sistema educativo chileno se concentra en generar “pequeños profesionales” en un ambiente competitivo, y en ese marco, el error es castigado, provocando frustración en los estudiantes.

Es por eso que la educación chilena del Siglo XXI pide a gritos que los espacios de ensayo-error se valoren y tomen un papel mucho más relevante que el que ocupan hoy.

En ese sentido las ludotecas escolares, a través de sus juegos, abren nuevos caminos al aprendizaje de los niños, sin el estrés que provoca el “fallar”. Un ambiente lúdico invita a los alumnos a motivarse, asociarse, entretenerse, y también, como todo en la vida, a equivocarse ante ciertos obstáculos. Lo importante es que apoderados, en conjunto con la comunidad escolar, refuercen esa resiliencia y sentimiento de superación que ofrece una partida cada vez que comenzamos a jugar.

 

Los beneficios del aprendizaje socioemocional

Si existe más diversión y más cooperación en la sala de clases, el aprendizaje socioemocional de cada alumno crece. Esto porque el juego, como representación lúdica y distendida de la realidad, entrega experiencias que contribuyen a que los estudiantes se conozcan a sí mismos en torno a diversas situaciones como el triunfo, la incertidumbre, la ansiedad, el trabajo en equipo, la derrota, entre otros.

Es por esto que el juego fortalece áreas vitales de niños y adolescentes para alcanzar una mejor calidad de aprendizaje, con las que desarrollan la habilidad de manejar mejor la frustración.

Si bien hay muchos más, aquí te dejamos seis aspectos que el juego potencia y que ayudan a que los estudiantes reaccionen de mejor manera ante el error o el fracaso:

–Lenguaje emocional: capacidad para expresar lo que siente.

–Consciencia de sí mismo: darse de cuenta de lo que a uno le ocurre y siente.

–Consciencia de los otros: darse cuenta de lo que a los demás le ocurre y siente.

–Autorregulación: regular emociones, según contexto.

–Búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos: resolver problemas mediante el diálogo, sin el uso de la violencia.

–Habilidades de comunicación: saber escuchar y expresarse en contextos sociales.